
Virgen poderosa
Reina del cielo.
Me refugio en tu regazo.
Me envuelvo con tus tiernos brazos.
Tú eres mi madre venerada.
Gloria de los cielos,
Por siempre bien amada.,
Dispensadora de tesoros celestiales
yo recurro siempre a ti en mis penas,
Para poder encontrar la paz.
En mis dudas e incertidumbres,
Para encontrar tu luz y la claridad.
En mis dolencias y temores,
Para encontrar tu cariño.
En mis pecados,
Para encontrar tu perdón.
En mi enfermedad,
para encontrar tu santa curación.
En los peligros,
Para gozar de tu protección.
En mis necesidades,
Para tener vuestro bendito socorro.
Sed pues madre mía,
Tesoro mío,
Santa señora de mi alma.
Mi socorro.
Mi amparo.
Mi salvación.
Mi consuelo.
Mi compañera.
Mi sanación.
Mi eterna plegaria para llegar al Señor.
Ten piedad de mis actos y mis errores,
Recibe los suspiros de mi corazón.
Ve en mi el deseo de obrar bien y con amor.
Tierna madre,
Consuelo de los afligidos,
y de aquellos que se sienten perdidos.
Ruega por nosotros tus hijos,
que con amor sincero recurrimos a vos.
Madre de Dios ruega por nosotros.


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